MEDELLÍN ¡QUÉ CIUDAD!:
Le molesta la mediocridad, no se para en la mitad. El contraste es su hábitad. Alberga con igualdad todas las gentes, todos los sentimientos, todas las opciones. Es decidida, clara, impactante por naturaleza y vocación.
Los transeúntes acostumbran detenerse para mirar, para detallar, para exclamar. Medellín es una ciudad en constante ebullición, siempre haciéndose, construyéndose. En movimiento permanente, quienes se alejan de ella por un tiempo, así sea corto, regresan para maravillarse de nuevo.
Habla claro, corre, se hace escuchar cada día, como en una colmena, siempre hay actividad.
Una ciudad viva que palpita, que nace y muere cada hora y segundo. Contrastes, enigmas, preguntas, retos, expresiones, carreras, bellezas cotidianas. Es una ciudad a la que nadie le es indiferente, para amarla hasta la exageración.
Nadie quisiera que fuera así, todos la quieren así. La atacan con envidia, la defienden con orgullo. Es única, irrepetible, apasionante y apasionada.
Pasearse por ella es como recorrer una novia, como leer un poema de esos que hay que aprenderse. Quien llega a Medellín se queda en ella, aunque se vaya. El encanso es mítico, como el de las sirena que atraen a los marinos.
*Tomado de Medellín de Ensueño, Especial Editores